Cómo lavarse la cara correctamente

Cómo lavarse la cara correctamente

Limpiarse la piel del rostro pasa a convertirse en uno de los pasos esenciales de la higiene diaria, independientemente de que sigamos, o no, una determinada rutina de cuidado de la piel (que consiste básicamente en el seguimiento de una serie de pasos básicos para cuidar, hidratar y nutrir la piel cada día). Sin embargo, existen algunos errores que podemos cometer al lavarnos el rostro, como por ejemplo utilizar agua demasiado caliente, lo que podría originar una mayor sequedad cutánea, o bien usar un producto a base de jabón originalmente no adecuado para nuestro tipo de piel. Por tanto, ¿cómo lavarse la cara correctamente? Te lo explicamos.

La limpieza de la piel del rostro, es cierto, se constituye como un elemento fundamental del día a día, con independencia de que, por ejemplo, tendamos a seguir o no una determinada rutina de cuidado de la piel.

Esto es debido básicamente a que, cada día, nuestra piel acumula una amplia variedad de diferentes elementos que pueden afectar negativamente tanto a su apariencia como a su propia salud en sí misma.

Por ejemplo, acumula células muertas envejecidas, suciedad, impurezas, contaminación ambiental y, sobre todo, exceso de sebo o aceite. Todo ello puede acabar generando la aparición de una capa gruesa que, a la larga, puede terminar por obstruir los poros, con el consiguiente riesgo de formación de brotes y otras imperfecciones.

De hecho, es muy común que, con el paso del tiempo, surjan algunos problemas cutáneos más o menos comunes, como por ejemplo podría ser el caso de áreas de la piel ásperas y resecas, que dan una apariencia y una sensación bastante antiestética y poco cuidada de la piel.

Por tanto, es evidente que, independientemente de cuál sea el tipo de piel que tengamos, lavarse la cara, y además hacerlo de forma correcta, es algo tan imprescindible como fundamental en nuestro día a día, incluso aunque no sigamos una rutina de belleza e incluso, únicamente, apliquemos sobre la piel una simple crema hidratante (o un buen humectante).

Es más, el hecho de limpiarse la cara cada día no solo ayuda a eliminar la suciedad, las células muertas de la piel, el maquillaje o, en definitiva, cualquier otro tipo de impureza que pueden generar una falta de brillo general o la propia obstrucción de los poros.

En función del tipo de limpiador facial que utilicemos, podríamos incluso llegar a tratar afecciones cutáneas específicas de la piel, como podría ser el caso del acné. De esta manera, una limpieza facial adecuada, aplicada correctamente, puede ayudar a prevenir los brotes de acné, reducir la inflamación y mejorar la salud cutánea.

No obstante, tal y como coinciden en señalar muchos especialistas, no tiene tanto que ver cómo se lava la cara lo que en realidad podría llegar a marcar la diferencia, sino también cuándo, qué tipo de limpieza o lavado facial se utiliza y, a su vez, con qué frecuencia.

Por todo ello, a continuación te proponemos algunas formas simples y sencillas de asegurarte de que te estás limpiando la cara correctamente. Y de conseguir, además, que tu propia rutina de limpieza sea todavía muchísimo más efectiva.

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La importancia de lavarse la cara siempre todos los días, sobre todo por las noches

Lavarse la cara cada día es la mejor forma de asegurarse de que nuestra piel se encuentra perfectamente limpia, libre de cualquier resto de impureza o exceso de aceite y suciedad. Y lavarse la cara por la noche es una regla ciertamente estricta cuando, precisamente, se trata de cuidar nuestra piel.

Es más, es perfectamente válida incluso aunque no hayas utilizado ningún tipo de maquillaje o producto cosmético. Incluso aunque no hayamos salido a la calle a lo largo del día: nuestra piel ha seguido generando células muertas envejecidas y también aceite o sebo, que se han acumulado a lo largo del día, unido al sudor.

Por tanto, no eliminar toda esa suciedad y mugre al finalizar el día puede causar brotes de acné, inflamación e irritación de la piel.

También es aconsejable hacerlo por la mañana

Además de hacerlo por la noche, lavarse la cara por la mañana también puede llegar a convertirse en una práctica muy adecuada, aunque pensemos que limpiarnos la piel antes de acostarnos es todo lo que necesitamos para, al día siguiente, despertarnos con la cara fresca y limpia.

De hecho, otro enjuague o aclarado por la mañana se convierte también en una opción excelente, puesto que las bacterias y los aceites del cabello también tienden a transferirse fácilmente a nuestro rostro y ojos.

Además, si tiendes a seguir una rutina de cuidado de la piel por la noche, optando por tratamientos como sérums, tónicos, humectantes o cremas hidratantes nocturnas antes de irte a la cama, es evidente que será ideal retirarlos por la mañana antes de aplicarte los productos para el día.

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El agua solo a la temperatura correcta (y adecuada)

El agua caliente o muy caliente tanto en la ducha como sobre la piel del rostro, es cierto, puede resultar inmensamente agradable y relajante, sin embargo, tiene un problema: puede terminar dañando la piel del rostro.

Las temperaturas extremas, como las duchas calientes con agua caliente o con vapor, podrían originar la dilatación de los vasos sanguíneos, así como la propia rotura de algunos tejidos cutáneos muy delicados.

Y lo que es aún peor: puede despojar a la piel de la barrera de aceite necesaria para mantener la integridad de la piel, al ser de utilidad a la hora de mantenerla protegida y debidamente hidratada.

¿Lo mejor? Usar siempre agua tibia, suficiente para enjuagarse la piel del rostro y lavarla, sin necesidad de resecarla o irritarla.

Usar solo un limpiador facial adecuado para nuestro tipo de piel

El uso de un limpiador facial se convierte, entonces, en una opción esencial, ya que en muchas ocasiones no basta con lavarnos la cara únicamente con un poco de agua tibia y jabón neutro.

Al contrario, es sumamente recomendable optar por un limpiador facial adecuado para nuestro tipo de piel, ya que es importante tener en cuenta si tenemos la piel normal, mixta, seca o grasa, si es demasiado sensible, si presenta cierta propensión a los brotes o si sufrimos cualquier otro tipo de afección cutánea (como podría ser el caso de la dermatitis, rosácea o eccema).

En caso de que tengamos la piel grasa lo más recomendable es optar por limpiadores espumosos o a base de gel. Si tenemos la piel muy sensible o seca un limpiador cremoso o más suave puede ser excelente. Mientras que, si nuestra piel es normal, un limpiador básico a base de agua sería suficiente.

Eso sí, también es posible optar por el agua micelar, como el desarrollado por Nezeni Cosmetics, que se constituye como un perfecto limpiador facial, apto para absolutamente cualquier tipo de piel, y que no precisa de ningún tipo de enjuague o aclarado una vez lo hemos aplicado sobre la piel.

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Únicamente con la frecuencia necesaria

Lo ideal, como te hemos mencionado ya en algún que otro apartado anterior, es lavarse la piel del rostro únicamente con la frecuencia precisa, además de después de una sudoración excesiva o después de haber practicado cualquier tipo de ejercicio físico.

Hacerlo más de dos veces al día, sin embargo, puede no ser muy recomendable, sobre todo cuando no tenemos ningún tipo de problema cutáneo, o seamos propensos a la aparición de infecciones de la piel.

Debemos tener en cuenta que lavarse la piel más de dos veces al día puede hacer que se vuelva más irritada y seca. Y, además, paradójicamente, podría acabar originando que la piel produzca todavía una mayor cantidad de aceite.

Por ello, es conveniente ceñirse únicamente en lavarse la piel del rostro dos veces al día, lo que significa hacerlo, básicamente, tanto por la mañana como, sobre todo, por la noche.

Utilizando un buen humectante inmediatamente después

En caso de que no sigas una rutina de cuidado de la piel, debes saber que, después de haberte limpiado y lavado la cara, es fundamental cuidar y mantener su hidratación. Y solo se consigue con la administración de un buen humectante, en cuya formulación nos encontremos tanto con ingredientes humectantes (útiles para atraer el agua hacia la piel), como ingredientes oclusivos (los cuales se encargan a sellar esa hidratación en la piel).

Lo ideal es aplicarnos el humectante siempre cuando la piel todavía se encuentra ligeramente húmeda, ya que, precisamente, será ideal para ayudar a mantener esa humedad y reservarla sobre la piel. No obstante, la piel no debe estar mojada, sino solo humedecida ligeramente.

De hecho, si esperamos unos minutos después de haberla secado para aplicarnos el humectante solo conseguiremos que las distintas células cutáneas presentes en la epidermis acaben deshidratándose, siendo mucho más difíciles de humectar.

Por todo ello, si ya has descubierto cómo lavarse la cara correctamente, recuerda que no hay duda que seguir una rutina de cuidado de la piel se convierte en una opción excelente y simple de mantenerla debidamente cuidada y nutrida.

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